¿Qué es la oración intercesora?
La oración intercesora es el acto de presentarse ante Dios en nombre de otra persona. Es ponerse en la brecha — un término que la Biblia usa en Ezequiel 22:30, donde Dios dice: "Busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí." El intercesor es quien ora, no por sus propias necesidades, sino llevando ante el trono de Dios las necesidades de otros.
Esta forma de oración es una de las más poderosas y menos practicadas en la iglesia contemporánea. En un mundo centrado en el yo, detenerse a orar por otros con fervor y constancia es un acto radical de amor cristiano.
El modelo de Jesús: el intercesor supremo
Jesús es presentado en las Escrituras como el intercesor definitivo. Hebreos 7:25 declara: "por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos." Jesús no solo intercedió durante su vida terrenal — intercede ahora mismo desde la diestra del Padre por cada uno de sus hijos.
En Juan 17, Jesús oró por sus discípulos y por todos los que creerían en Él a través de ellos. Esta "oración sacerdotal" es el ejemplo más extenso de oración intercesora en todo el Nuevo Testamento, y nos muestra la profundidad y el corazón con que podemos orar por otros.
La intercesión de Moisés: una imagen del poder intercesor
Éxodo 32 narra uno de los momentos más dramáticos del Antiguo Testamento: Israel adorando el becerro de oro mientras Moisés estaba con Dios. La ira de Dios estaba encendida, pero Moisés intercedió. Éxodo 32:14 dice: "Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo."
Esta historia asombrosa revela algo sobre la naturaleza de la oración intercesora: que Dios ha elegido, en su soberanía, actuar en respuesta a las oraciones de sus hijos. La intercesión no cambia el corazón de Dios — Él ya es bueno y misericordioso — pero mueve su mano en el tiempo y la historia.
¿Por quién debemos interceder?
La Biblia nos da una guía clara sobre los destinatarios de nuestra intercesión. El apóstol Pablo escribió en 1 Timoteo 2:1: "Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad."
Debemos interceder por: nuestra familia y seres queridos, los enfermos y los que sufren, los líderes de gobierno y autoridades, los misioneros y obreros del evangelio, los no creyentes que conocemos, las naciones y pueblos del mundo, y los perseguidos por su fe. La intercesión no tiene límites geográficos ni relacionales.
Cómo desarrollar una vida de intercesión
La intercesión efectiva requiere intencionalidad. No sucede por accidente. Aquí algunas prácticas que han transformado la vida de oración de miles de creyentes:
Mantén una lista de oración: Escribe los nombres de las personas por quienes oras regularmente. Esto te ayuda a ser específico y a notar cuando Dios responde.
Ora con la Biblia en mano: En lugar de solo listar peticiones, ora versículos específicos sobre las personas. Por ejemplo, orar Filipenses 1:9-11 sobre un amigo es más poderoso que simplemente pedir "que le vaya bien."
Ayuna con tu intercesión: Hay situaciones — familias destruidas, enfermedades graves, personas en ataduras espirituales — que requieren un nivel más profundo de oración. Mateo 17:21 menciona el ayuno como parte de la oración de guerra espiritual.
Ora en el Espíritu: Romanos 8:26-27 dice que cuando no sabemos qué pedir, el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Permitir que el Espíritu guíe nuestra intercesión nos lleva más allá de nuestras limitaciones humanas.
La intercesión transforma al intercesor
Un efecto secundario poco mencionado de la oración intercesora es lo que hace en quien ora. Cuando comienzas a orar genuinamente por una persona — incluso alguien que te ha herido — algo cambia en ti. El corazón de Dios comienza a fluir a través del tuyo. La amargura se disuelve, el amor crece, la perspectiva cambia.
Job 42:10 registra algo notable: "Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos." La restauración de Job vino precisamente cuando dejó de enfocarse en su propio dolor y comenzó a orar por otros. La intercesión nos saca del centro de nuestra propia historia y nos pone en la historia más grande de Dios.
Conclusión: la iglesia orante cambia el mundo
Hechos 12 narra que Pedro estaba en prisión, aguardando ejecución. Mientras tanto, "la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él." (Hechos 12:5) El resultado fue sobrenatural: un ángel abrió las puertas de la prisión. La intercesión sostenida de la iglesia movió el cielo.
Hoy, en cada familia rota, en cada ciudad sumida en violencia, en cada nación sacudida por la injusticia, Dios busca hombres y mujeres que se pongan en la brecha. ¿Serás uno de ellos?